Historia

La historia de Sedaví está íntimamente relacionada con los avatares históricos de la comarca de L'Horta de Valencia y, especialmente, con L'Horta Sud. Antes de la época árabe, Sedaví carece de vestigios que acrediten su existencia. Y durante dicha ocupación musulmana, el poblado de Sedaví quedó reducido a una alquería o escasas barracas.

Es sabido que en la antigüedad el lago de la Albufera tenía una extensión superficial muy superior a la actual. Sus aguas y la zona lacustre llegaba por el norte hasta Ruzafa, y por el oeste, hasta la "Vía Augusta", que comunicaba Roma con la Bética. Esta importante vía de comunicación pasaba de Sagunt a la ciudad de Valencia, de donde salía por la "Porta" que existía junto a la calle de Sant Vicent y continuaba hasta Xàtiva, evitando "els aigüamolls dels voltants de l'Albufera". Por estos datos se ha situado la "Vía Augusta" por el actual trazado del "Camí Real", o muy próximo a él. Desde Xàtiva continuaba hasta Elx, donde existía una colonia romana, la "Julia Ilici Augusta". Con anterioridad al siglo XIII, Sedaví era, sin duda alguna, una parte de esos "aigüamolls", de esa tierra húmeda, lacustre, llena de matorrales y despoblada totalmente.

La invasión romana no creó ningún asentamiento en nuestro término municipal. Sí que lo hicieron en otros pueblos de nuestra comarca, situados en línea de la "Vía Augusta", o en tierras un poco más altas, como Catarroja y Torrent, entre otros.

 

 capbreu    Capbreu de los años 1742,1743 y 1744, un libro manuscrito conservado en el Ayuntamiento, donde se fijan y adjudican tierras del Señorío de Sedaví (perteneciente entonces a Antonio Barradas Olgiat de Médicis) a sus cultivadores y se deslinda el territorio del Lugar de Sedaví. Este importante documento histórico sobre los orígenes de Sedaví fue donado a la población el 21 de diciembre de 1997 por Alfonso Triviño de Villalaín, último descendiente del señorio de Sedaví.

 

Con el paso del tiempo, más de varios siglos, la natural desecación de las tierras periféricas del lago, con el arrastre de materiales de las partes altas, el actual término municipal de Sedaví iba adquiriendo las mínimas condiciones de habitabilidad para las personas y se abría la posibilidad de cultivo en algunas zonas. Cuando estas condiciones ecológicas y geográficas fueron propicias se asentó en nuestras tierras la primera familia árabe. Construyó una "qariya", es decir, una casa de labranza con su torreta, horno, granero, habitaciones, etc., de cuya palabra árabe procede la actural de "alquería".

Castell

Fachada y torreta del antiguo "Castell".

Ningún otro dato histórico tenemos de dónde estuvo emplazada dicha alquería, aunque su existencia queda demostrada por dos concretas citas del Llibre del Repartiment de 1237 a 1252, conservado en el Archivo de la Corona de Aragón. Dichas citas dicen:

"1240. A Octavio, dos jovadas en Ruzafa y unas casas allí mismo; y cuatro jovadas en Sedaví; y cuatro hanegadas de huerto en Roteros, contiguas al huerto de Pedro de Bolas, 15 de mayo". El año era 1239.

"1663. A Pedro Lenda, seis jovadas contiguas a la alquería de Sedaví; y las casas del alfaquir Albullohoyon; y el establo que está delante de éstas; y cuatro hanegadas de tierra en Vilanova, en el huerto de Alpich. 22 de noviembre". El año era 1244.

Las donaciones que se hacen a un tal Octaviano y a Pedro Lenda no implican necesariamente su asentamiento en nuestra tierra. Los beneficiarios pudieron o no tomar posesión de las tierras que se les donaba.

La jovada era una medida agraria y equivalía a la extensión de tierra que podía labrar en un día una junta de bueyes. Hay metrólogos que fijan la medida de la jovada o yugada en 6 cahízas o 36 hanegadas.

De estos datos deducimos que la donación hecha a Octaviano en el término de Sedaví fue de 114 hanegadas, mientras que la donación a Pedro Lenda fue de 216 hanegadas, aunque éstas estaban contiguas a la alquería de Sedaví.

El tal Octaviano fue un caballero leridano que, junto con otros venidos de Lérida a la conquista de Valencia, fueron beneficiados con cincuenta casas, según consta en la donación hecha el 13 de septiembre de 1238; "A Octaviá, Ramón Clavell, Ramón Péreç, Arnau de Sanaüjá, Ramón Ramón, Ferrán de Castellnou i altres prohómens lleidatans, que venen amb el senyor Rei en l'exércit, cinquanta jovades en el terme de Valencia, i cinquanta cases en la ciutat".

Es curioso señalar que el cultivo, a la sazón, sería el viñedo, ya que en la donación número 1.260 del mismo Llibre del Repartiment, realizada por las mismas fechas (en el mes de diciembre) a Arnau Ferrer, de dos jovadas de tierra en Alfafar, se añade "et vineam quandam VIII fanecatarum iuxta eas" o sea "y una viña de ocho hanegadas a su lado".

Cuando el monarca tenía que hacer la guerra se veía obligado a pedir ayuda a los nobles, quienes a cambio del botín de guerra ponían sus ejércitos al servicio del rey. Pues bien, cuando el rey Jaime I El Conquistador decidió adueñarse de Valencia necesitó la ayuda de los nobles de Aragón y Cataluña, quienes fácilmente se la prestaron, ante la esperanza de obtener en la rica Valencia de los moros un valioso botín o recompensa. Pero el buen rey Jaime, sitiada la ciudad por las tropas, entró en negociaciones con los sitiados, quienes convinieron rendirse pacíficamente, con gran sorpresa y malestar de los nobles que acompañaban a don Jaime I, que temían por ello perder los beneficios que el saqueo de la ciudad les hubiera reportado. Jaime I, para contentarles, les prometió el reparto de tierras, como así lo hizo, dejando constancia de ello en su famoso Llibre del Repartiment.

Dichas donaciones se hacían, generalmente, en favor de personas individuales, y comprendían casas y heredades. A veces quedaban sujetas al pago de un censo anual de cinco a doce sueldos por "jovada", con los derechos de luismo y "fadiga", mientras que en otras ocasiones se daba la plena y libre propiedad.

Lo más importante de esta prueba documental es que demuestra que, antes de la conquista de Valencia por el rey Jaime I, existía un lugar o alquería árabe con el nombre de Beniçidavi, como antecendente de nuestro pueblo.

En esta época turbulenta de luchas entre árabes y bereberes, con sus diferentes tribus y la inquietante situación de la ciudad de Xàtiva, dominada primero por los almorávides y después conquistada por los almohades, es donde sitúo la salida de aquella ciudad de una familia, o grupo de árabes setabenses, hacia la huerta valenciana, y su asentamiento en la tierra de Sedaví, periférica de la Albufera y en las cercanías, aunque suficientemente alejado de la ciudad de Valencia y de sus permantes tensiones y revueltas. Ocurría unos 60 años antes de la conquista de Valencia por el rey Jaime I de Aragón.

La mayoría de los pueblos valencianos conservan una toponimia de origen árabe, mientras otros, después de la Reconquista, recuperaron su nombre de origen latino. Entre los primeros tenemos a Albal, que deriva de la palabra árabe "ba'l" que significa tierra de secano; Alaquàs, que significa arcos; Albaida, "la blanca"; Russafa, "el jardín"; Alginet , "los huertos"; todos ellos son apelativos y hacen referencia a aspectos geográficos. Hay otros toponímicos derivados del nombre de personas, en cuyo supuesto era habitual precederlos de las palabras "Abu'l", que significa "padre", "Ben", que significa "hijo", o "Beni", que significa "hijos"; Beni es el plural de Ben en árabe. Así tenemos a Albuixech, Benicalap, Benetússer, Benissa, Benaguasil, Beniparrell, etc. Pues bien, el nombre de nuestro pueblo tiene el mismo origen árabe, y como tal es citado en el Llibre del Repartiment con la denominación de "Beniçidavi", que significa "hijos de Cidavi".

¿Qué significa la palabra "Cidavi"? Ya expuse por primera vez, en el Llibret de Festes del año 1964, mi tesis de que la palabra "Cidavi" era la forma vulgar y fonética de designar a Xàtiva por los árabes de aquí. La pronunciación fricativa de la "x" inicial es la propia de la fonética arábigo-valenciana. Así, la ciudad de los Papas, cabeza de la comarca de La Costera, se llamó Xetavi, Saetabi. Por la transmisión oral del nombre, pronunciado por gentes analfabetas y con fonética arábiga, transformó la "t" en "d" y la letra inicial "x" sonaba como "c" o "s"; evolución explicable fácilmente por la ciencia etimológica, y finalmente el uso hizo perder el prefijo "Beni", por lo que el inicial nombre de "Benicidavi", que significa "hijos de Xàtiva", se fue transformando hasta alcanzar la forma ortográfica y fonética de Sedaví.

Sea o no cierta esta tesis mía, al menos sirvió para borrar de la mente popular y del escudo local la pueril y errónea interpretación, que entonces estaba muy extendida, de que el nombre de nuestro pueblo procedía de la unión de las dos palabras "seda" y "vi", que hacían referencia al cultivo extensivo de moreras y viñas, que existía en los campos de nuestro pueblo a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Que el nombre de nuestro pueblo nada tenía que ver con estas plantaciones ha quedado demostrado, pues siendo de origen árabe, la sílaba "vi" no podía significar "vino", ya que el Corán, que es la Biblia de los musulmanes, tiene prohibido a sus adeptos comer carne de cerdo y beber vino, amén de que los árabes no hablaban valenciano.

Nuestra tesis queda reforzada por Miguel Asins Palacios, que en su "Toponimia árabe-española" define el vocablo "Sedaví" como equivalente a "setabense", es decir, "originario de Játiva".

Desde la conquista de Jaime I (siglo XIII) hasta finales del siglo XVIII, la vida local se desarrolla al ritmo normal, sin hechos relevantes.

Sedaví era en principio una alquería, después un caserío y, a finales del siglo XVIII, un lugar con barracas ordenadas en dos o tres calles.

En el año 1750 se reconoce a Sedaví la categoría de Lugar y se va configurando como municipio, sin llegar a serlo por las interferencias del Señor de Sedaví.

El pueblo tenía únicamente tres calles. Una de ellas, la situada más al oeste, "el carrer de les Barraques", llamado también del "Olivar", después conocido por "carrer de l'Església" y hoy de Cervantes.

La otra, la situada más al este, "el carrer del Salobre".

Y la tercera calle, situada en el medio, conocida popularmente como el "carrer del Mig".

En el siglo XX, y más concretamente a partir de 1965, empieza a producirse la industrialización de Sedaví, que demográficamente provoca un acelerado crecimiento de la población, ayudado por la importante inmigración que existe. En este siglo, Sedaví deja de ser un pueblo agrícola y se encamina hacia su consolidación, como núcleo principalmente industrial.

Resumen extraído del libro:

"Sedaví, poble de l'Horta", 1ª edición, 1985, de Vicente Ruiz Monrabal, cronista oficial.

 

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